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Lucha Libre AAA realizó su evento Rey de Reyes en Puebla, con tres combates estelares que no fueron capaces de llenar el Acrópolis Puebla pero que no por eso dejaron de tener destellos de calidad.

Los tres combates fueron muy interesantes pues evidenciaron de cuerpo entero el tipo de público del pancracio nacional, especialmente el que consume Lucha Libre AAA, aquí van las razones.

¡Qué le pasó a Súper Porky!

La lucha en jaula entre Psycho Clown, Mamba Negra y Máximo contra La Máscara, Killer Cross y Jeff Jarrett fue sumamente aburrida y sólo se puede reducir al bombazo que recibió La Máscara sobre la mesa.

Killer Cross tuvo un papel apenas anecdótico y Jeff Jarret siguió en su papel de rudo odiado; su participación en la jaula no aportó absolutamente nada a la batalla.

Lo más increíble de toda la lucha fue el pasmoso desvanecimiento que ha tenido Brazo de Plata en los últimos ya no digamos años: ¡meses! El sobreviviente de los Brazos se nota muy disminuido, con una andadera para moverse.

A pesar de lo malo que fue la lucha, esta batalla es la que más prendió a la gente; Psycho Clown tenía a todo Acrópolis en su palma. Lucha digna de un público digno.

Un Rey de Reyes cantado

El poblano Aerostar se presentaba en Puebla, ¿qué otra cosa iba pasar si no su victoria? Las apuestas estaban hechas y lo supuesto finalmente sucedió. El factor sorpresa fue nulo.

El formato de meter a un luchador por minuto no aporta nada al combate, sólo brinda la ilusión de que hay algo diferente en el torneo, pero nada más; no es una innovación que marque un antes y un después en el Rey de Reyes.

La lista de gladiadores prometía grandes y espectaculares lances, cosa que hubo a racimos; pero quedó un poco corta la participación tanto de Golden Magic como de Sammy Guevara, quien hizo una muy estéril mancuerna con Jack Evans.

El duelo final entre Laredo Kid y Aerostar fue de gran significado por su pasado compartido como miembros de la Real Fuerza Aérea colocándose como uno de los momentos más intensos de la noche.

Pero no fue suficiente; la gente no se enganchó tanto como en la lucha anterior. Se notó un torneo nuevamente desangelado, muy a pesar de lo mucho que podría brindar.

Las mejores parejas del pancracio se vieron nuevamente

Los Lucha Brothers (Pentagón Jr. y Fénix) dieron cátedra de cómo debe ser una lucha de parejas, con ataques perfectamente combinados y vertiginosos ante una dupla (Texano Jr. y Rey Escorpión) que era recia pero sin la misma dinámica.

La bomba mediática la dieron los Young Bucks (Matt y Nick Jackson), no sólo pisando el hexadrilátero sino retando inmediatamente a los Lucha Brothers por los Campeonatos de Parejas que recién habían conquistado.

Y aquí es donde una vez más somos testigos del tipo de aficionado que acude a las funciones de Lucha Libre AAA: muy pocos (casi nadie) conocía a los Young Bucks; la mayoría simplemente se dejó ir en abucheos a los que en ese ring reconocían como los rudos extranjeros.

Ni una señal de “too sweet” y mucho menos un grito en coro de “beign the elite”, el público de Triple A no tenía la más mínima idea de quiénes estaban en el hexadrilátero; ellos querían volver a ver a Psycho Clown.

Haciendo justicia a su calidad, Young Bucks y Lucha Brothers dieron una increíble lucha con castigos que hacían pensar que todo acabaría en tres segundos. Fueron capaces de enganchar al público, quien dejó escapar gritos de emoción cada que algún gladiador alzaba su espalda antes del conteo.

La entre los Lucha Brothers y los Young Bucks fue por muchísimo la mejor de Rey de Reyes; sin embargo, no fue ni de lejos la más ovacionada, dejando ver con absoluta claridad que Triple A vive de un público particular que ignora por completo lo que sucede en otras latitudes y es feliz con un payaso (así es su máscara, que conste) como estrella máxima.