¿Buen torneo regular?, ¡para qué!

 

Esto me lleva a un punto crucial: de los siete goles que Alan Pulido hizo el torneo pasado, dos fueron en la final. Del mismo modo, de las últimas dos victorias que Chivas ha tenido en diez partidos, una es la final de vuelta (la otra fue el agónico 1-0 contra Atlas en los cuartos de final de vuelta del torneo pasado).

Tenemos que irnos hasta el 8 de abril de 2017 para encontrar la otra victoria más próxima, cuando le ganó 3-1 a Puebla en una noche soñada para Carlos Fierro, la última que ha tenido desde entonces. Esto nos da una interesante revelación: de los últimos 15 partidos de liga ,Chivas sólo ha ganado tres encuentros. Ahí está la verdadera dimensión del campeón actual.

Esas son las bondades de un sistema mediocre que permite a equipos con un funcionamiento de medio pelo como Chivas ser campeones. ¿Qué pasó con esas Chivas que rompieron el récord de más victorias consecutivas en un arranque de torneo en el Bicentenario 2010? Absolutamente nada.

¿Por qué no pasó nada? Porque en la Liguilla, cuando las cosas en verdad valían la pena, Fernando Quirarte no pudo ganarle a unos Gallos Blancos que salieron con un Liborio Sánchez ávido de demostrar por qué dejarlo de ir de Chivas fue un error (hoy se desperdicia en Alianza Petrolera de Colombia). A partir de ahí inició la crisis que puso al Rebaño Sagrado al borde del descenso.