Chivas es uno de los tres equipos del Torneo Apertura 2018 que todavía no sabe lo que es ganar; con un mísero punto, está en el penúltimo lugar de la tabla.

¿Por qué el flamante campeón de Concacaf arrastra el prestigio de esa manera; quiénes son los culpables y qué se necesita para cambiar la situación? Analicemos.

Causas de la crisis de Chivas

Hay dos problemas claros que han provocado esta crisis en el Rebaño Sagrado: un organigrama endeble y el desmantelamiento del equipo.

Desde que fue campeón, el equipo ha perdido a José Juan “Gallito” Vázquez, Rodolfo Pizarro, Rodolfo Cota y Oswaldo Alanís, jugadores clave en el buen funcionamiento del equipo.

En su lugar traen a jugadores de medio perfil como Josecarlos Van Rankin y Ángel Sepúlveda, aunado a los parcos regresos de Miguel Ponce, Mario de Luna y Jorge “El Chatón” Enríquez.

Un equipo no puede aspirar a resultados favorables si se deshace de buenos elementos y no los reemplaza con perfiles similares o superiores.

El deterioro de la plantilla es una de las grandes razones por las que el Rebaño Sagrado arde en las llamas de la crisis.

No hay pastores para el rebaño

El otro gran problema de Chivas es su endeble organigrama; la ausencia de una estructura seria y estable capaz de mirar a mediano y largo plazo.

En pocos años ha habido muchos cambios en la directiva rojiblanca resaltando la ausencia total de Jorge Vergara y la delegación de sus poderes en su heredero al trono.

Todo el problema empezó cuando le dieron el poder absoluto a Matías Almeyda, quien hizo labores allende del director técnico. Aunque los resultados fueron buenos, esto desgastó al argentino.

En consecuencia llegó Francisco Gabriel de Anda, a quien de repente le salieron cuernos y se autoproclamó chivahermano vitalicio y terminó renunciando unos cuantos días después de su llegada.

Hace unas semanas el equipo anunció que el enemigo chiva número uno, José Luis Higuera, recibía el nombramiento de Director General del Club Deportivo Guadalajara, en una imagen dantesca que ignoró el sentir de gran parte de la afición.

Ahora Chivas está en manos de un proverbial americanista.

Tantos cambios en el organigrama impiden desarrollar un plan estable, ocasionando que el caos se vaya derramando en el resto de la institución hasta finalmente manifestarse en la cancha.

¿Qué le queda por hacer a Chivas?

El primer paso está claro: José Luis Higuera no debe ser el encargado de Chivas. Un americanista en el seno rojiblanco no puede ser el augurio de algo bueno.

Ricardo Peláez es más chivahermano de lo que José Luis Higuera podrá fingir ser el resto de su vida; además, hay un claro divorcio entre este americanista y la nación chivahermana.

Un perfil más cercano a la historia de Chivas, que de verdad tenga una mínima idea de lo que significó el equipo hace 60 años, podría darle un empuje interesante a toda la institución.

La salida más dolorosa puede ser la mejor solución

Ahora que el descenso ha desaparecido del fútbol mexicano, Chivas debería aprovechar para darle oportunidad a sus fuerzas básicas.

Va doler, pues veremos a muchos como Ángel Saldívar fallando tres oportunidades claras por partido y perdiendo encuentros constantes; pero bajo esa lluvia de fuego pueden surgir nuevos jugadores.

Las razones esgrimidas para no sembrar talento es que toma tiempo y los resultados deben ser inmediatos; pero ahora que no hay descenso, Chivas puede apostar por un proyecto a largo plazo.

Jesús Godínez y José Juan Macías confirman que este camino puede dar resultados. Aunque el equipo se encuentre en el fondo de la tabla general, más temprano que tarde la confianza se cristalizará en buenos resultados.

Por eso, independientemente de que esté Higuera o no, la crisis de Chivas se puede resolver mirando a largo plazo y apostando por sus fuerzas básicas. Los resultados no serán inmediatos, pero así ya no tendrán que limosnear el cascajo de otros equipos.