Con la estrepitosa y sorpresiva eliminación de la FA Cup el pasado 7 de enero, en contra del modesto Nottingham Forest de la segunda división, el debate volvió a salir a flote, tal y como ha sucedido cotidianamente en los últimos años: ¿Debe el Arsenal destituir a Arsene Wenger?

Suenan candidatos

Esta fue tan sólo la más reciente desilusión de las que han tenido los seguidores de los Gunners, sin embargo, Wenger sigue ahí, estoico en el área técnica, siendo más ofensivo y afilado en las conferencias de prensa que de lo que demuestra su equipo en la cancha.

No obstante, algo en el aire parece distinto esta vez, el panorama parece anunciar -ahora sí- un cambio de aires en el banquillo del conjunto londinense.

Nombres como el de Mikel Arteta, Massimiliano Allegri, o más recientemente el de Carlo Ancelotti suenan para relevar al francés, quien lleva poco más de dos décadas al frente de los Cañoneros.

Pero, ¿sería la mejor decisión? ¿Es hora de que Wenger dé un paso al costado? Estudiemos los hechos:

Éxito nacional

Desde su llegada al Arsenal, el 1 de octubre de 1996, Wenger ha guiado al equipo a la obtención de 17 títulos, todos ellos nacionales: 3 ligas (una de ellas de forma invicta, en la temporada 2003-04), 7 FA Cup y 7 Community Shield.

Este palmarés posicionó a los Gunners como uno de los principales animadores de la Premier League, y lo colocó como uno de los grandes del futbol inglés (incluso a la altura de clubes históricos, como el Manchester United y el Liverpool).

Fracaso internacional

Sin embargo, en lo que concierne a competencias internacionales -esas donde se mide la verdadera grandeza de los equipos europeos- el Arsenal de Wenger ha quedado a deber.

No contar con ni un solo título internacional es el principal pecado del estratega galo. Estuvo cerca en dos ocasiones, pero perdió ambas: en la final de la Copa UEFA -actual Europa League– de la temporada 1999-2000 cayó en penales ante el Galatasaray, mientras que en la final de la Champions League 2005-06 fue derrotado por el Barcelona.

Balance en contra

Aunque los 17 títulos que ha levantado puedan sonar como un logro importante, lo cierto es que analizando los números de Wenger con frialdad, el francés no sale muy bien librado.

De entrada, los 17 trofeos los ha ganado en un lapso de 21 años, es decir, promedia menos de un título por temporada. Una media por debajo de lo que se espera de un técnico de élite.

Por ejemplo, comparando los números de Le Professeur con los de un técnico top con quien coincidió en la Premier Legue, Sir Alex Ferguson, los resultados son muy evidentes. Tomando en cuenta el mismo lapso de tiempo que lleva Wenger dirigiendo al Arsenal (21 años), Ferguson obtuvo entre 1986 (año en que llegó al banquillo de los Red Devils) y 2007 un total de 27 trofeos: 23 nacionales y 4 internacionales.

En resumen, en el mismo rango de tiempo Ferguson ganó 10 títulos más que Wenger, incluyendo un triplete (liga, copa y Champions Legue).

El francés es un gran técnico, de eso no hay duda. No obstante, ha demostrado no ser uno de élite, como sí lo fue Ferguson (49 títulos en 39 años de carrera) y ahora lo son José Mourinho (25 títulos ganados en 17 años de carrera) y Pep Guardiola (21 títulos en 10 años de carrera).

Perfil equivocado

No nos equivoquemos, el Arsenal es un equipo grande de Inglaterra, pero no pasa de ser un club mediano del futbol europeo.

Si los Gunners quieren convertirse en un verdadero equipo top a nivel mundial, deben apostar por otro tipo de técnico, por uno ganador.

Wenger ha logrado títulos y logros importantes, claro, pero no es precisamente un estratega ganador. Al francés se le recordará más bien por su contribución para la revolución futbolística que se vivió en Inglaterra a finales de los años noventa. Así como por su aguda vista para detectar jóvenes talentos en el mundo del futbol y su intachable gestión económica al frente del club londinense, misma que le hizo ganar el mote de The Economist.

A Wenger sólo lo sostiene el ser Wenger. Cada día tiene menos aliados, si es que aún le queda alguno en Londres.

“La palabra que he utilizado durante mucho tiempo es ‘comodidad’. Todo es cómodo en el Arsenal. No existe la presión que debe tener un gran club”, señaló recientemente Thierry Henry, figura histórica de los Cañoneros.

“Es doloroso ver como pierden. Siempre es lo mismo. Lo has visto antes, todo lo que ves me recuerda lo que ha pasado en los últimos 10 años”, lamentó, y seguramente es un sentimiento que comparten sus millones de aficionados.

Por el bien del Arsenal y de él mismo, Arsene Wenger debe dimitir y dejar su puesto. Como manager o asesor sería de mayor utilidad que como director técnico.