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Adiós, Luis Aragonés

Adiós, Luis Aragonés

Toda España está conmocionada. Los clubes de fútbol y sus aficiones lloran la pérdida de un grande. Luis Aragonés ya no volverá a deslumbrar al mundo. “Lo mejor de él es su honradez. Es un gran ejemplo para las generaciones posteriores” declaró Emilio Butragueño a su salida del tanatorio de La Paz, en Madrid. “Es uno de los mejores entrenadores que he tenido” reconocía un emocionado Sergio Ramos.
Tan polémico en sus ruedas de prensa como querido por todos sus jugadores. “Ganar, ganar y ganar”. Esa era su única filosofía. Ganar siempre, ganar con contundencia, ganar y remontar. Siempre. Levantarse tras la caída, adelantarse a los rivales, vivir cada partido como si fuera el único. “Nadie recuerda a los subcampeones”. Pero él no era un subcampeón; él era un ganador nato. Él era El Sabio de Hortaleza. Él era, sencillamente, Luis Aragonés.

Jugador insignia

Después de pasar por clubes como el Getafe, Real Madrid Castilla o Betis, Luis debutó en la primera división de La Liga de la mano del Real Club Oviedo. La temporada siguiente fichó por el Betis, donde marcó 33 goles en tres temporadas.
Pero la gloria le llegó en el Atlético de Madrid. Allí jugó de interior derecho y se convirtió en un especialista en el lanzamiento de faltas y penaltis. Probablemente fuera en su etapa de jugador cuando se convenciera de la importancia del papel del jugador “cerebro” que crea juego en un equipo. Él fue el cerebro del Atleti, y más tarde decidiría apostar por Xavi Hernández como el de la selección española para formar un estilo que convertiría a la Roja en la mejor del mundo.
En el Atlético de Madrid ganó tres Ligas y dos copas del Generalísimo (antecesora de la Copa del Rey). En la temporada 1969-1970 se alzó con el Pichichi (trofeo al mayor goleador). Empató con 16 goles con Amancio Amaro y José Eulogio Gárate. En 1974 marcó en la final de la Copa de Europa contra el Bayern de Múnich, aunque finalmente fueron los alemanes los que se llevaron el trofeo a casa.

Entrenador querido

La temporada siguiente el Atlético de Madrid le ofreció entrenar al equipo. Luis se retiró como jugador profesional para comenzar una nueva etapa en los banquillos. Sustituyó a Juan Carlos Lorenzo en la jornada 10. Allí entrenó hasta 1977-1978; sin embargo, volvería al equipo en 1979-1980 y 1982-1983 aunque los malos resultados le llevaron a abandonar definitivamente el club.
Racing de Santander, Betis, Espanyol, Sevilla, Valencia, Mallorca… Fueron los clubes españoles a los que entrenó. Fue importante su paso por el Fútbol Club Barcelona: consiguió que ascender al equipo de las últimas plazas de La Liga a las primeras, y además ganó la Copa del Rey.
En el plano internacional se hizo con los mandos del Fenerbahshe FC.

Seleccionador campeón

En 2004 se convirtió en seleccionador español cuando sustituyó a Iñaki Sáez. En aquel momento España no era el equipo que conocemos hoy. Solo habían ganado una Europa en toda su historia, y ya quedaba muy atrás. Las generaciones jóvenes nunca habían visto a La Roja ganar, y mucho menos ser favorita a nivel internacional. España contaba con buenos jugadores, pero se obcecaban en intentar, una y otra vez, imitar el estilo duro y físico de sus oponentes. Pero Luis lo cambió todo.
Fue él quien decidió apostar por “los bajitos”. No sabemos qué habría pasado con España si Luis no hubiera decidido modificar las pautas de juego. Pero lo hizo. Quiso que España contara con un cerebro que controlara el juego (Xavi Hernández) y confió en jugadores de baja altura pero muy rápidos. La Selección española no podía competir en cuanto a poderío físico con otros equipos, y Luis quiso hacer del defecto una virtud: apostar esa carencia para resaltar la rapidez y los toques. España no podía permitirse jugar al contraataque: necesitaba hacerse con el control del balón y protegerlo a toda costa. España creó su propio juego, adaptándose a sus jugadores, haciendo algo que ningún otro equipo había hecho jamás.
Pero toda decisión conlleva consecuencias. En ese puzzle que está la selección, había un jugador que para Luis sobraba. Probablemente eso no hubiera tenido tanta importancia, si aquel excluido no hubiese sido Raúl González Blanco. Muchos criticaron al seleccionador por no convocar a uno de los mejores delanteros del mundo, aquel Capitán de capitanes en el Real Madrid de los Galácticos y las Copas de Europa. Algunos vieron en el gesto un desplante hacia el club blanco. Otros simplemente una decisión técnica. En cualquier caso, Raúl se quedó en casa, y Luis siempre defendió su decisión.
Y la gloria se impuso a las críticas aquel verano de 2008. Todos sus detractores tuvieron que rendirse ante el éxito de la Selección Española en la Eurocopa. Aquella selección de los Bajitos, aquella del toque y el control de la pelota, aquella sin Raúl. España venció. Pero lo más importante es que el equipo había encontrado su forma de jugar. Esa España se veía, por primera vez, campeona.
Le sustituyó Vicente del Bosque, pero mantuvo el mismo estilo de juego. Y el resultado es conocido a nivel mundial: la primera selección capaz de encadenar dos Eurocopas y un mundial. Clasificados para Brasil 1014, en Julio España tendrá una razón más para ganar: dedicarle el triunfo al Sabio que, aunque se haya ido, seguirá presente en las mentes de los españoles con cada pase de la campeona del mundo.

Polémico Luis

Aunque Aragonés hablaba en el campo, se sentía cómodo en las salas de prensa. Tuvo que hacer frente a acusaciones de racismo (que comenzaron cuando le dijo a Reyes: “Dígale a ese negro (Henry) que es mejor que él”) a las que respondió alegando que “Él era un ciudadano del mundo. Caracterizado por su espontaneidad, estas son algunas de las frases más polémicas del Sabio de Hortaleza:

“Los futbolistas son como los actores de cine: quieren que les aplaudan”.
“Tengo un amigo japonés que es sexador de pollos”
“Yo con Raúl no me he bajado los pantalones”
“Si Gattuso es una referencia, yo soy un cura”.
“Y ganar, y ganar, y ganar, y volver a ganar, y ganar, y ganar, y ganar, y eso es el fútbol, señores”.
“Le voy a meter el dedo en el culo”
“Forman ustedes un grupo excepcional. Si no llego a la final con este grupo es que soy un mierda y he organizado una mierda de equipo”.
“Máteme usted, pero no me mienta”.
“Yo no necesito amigos, ya conozco a mucha gente”.
“Comencé con una selección, pretendo dejar un equipo”.
“He tenido salidas de tono, sobre todo cuando tengo razón”.
“Me gustaría que la selección tuviera un nombre, una identidad. Igual que Brasil es la canarinha o Argentina la albiceleste, me gustaría que España fuera La Roja”.
“¿Lo han entendido? Pregunto, ¿lo han entendido? ¿Sí? Pues esto, esto (golpeando la pizarra), no vale para nada. Lo que vale es que ustedes son mejores y que estoy hasta los huevos de perder con estos, en este campo. Son el Atlético de Madrid y hay 50.000 dentro que van a morir por ustedes. Por ellos, por la camiseta, por su orgullo, hay que salir y decir en el campo que sólo hay un campeón y va de rojo y blanco.”
“Eso que usted está pisando es el escudo del Atlético de Madrid”.

¡Hasta siempre, Luis!

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